Cómo superar con éxito los aprendizajes de la vida

Cómo superar con éxito los aprendizajes de la vida

Como si fuera de otro planeta, así me sentía yo en mi infancia.

Escondiéndome para jugar, ocultando mis comportamientos, además para evitar lastimar a nadie.

¿Se puede ocultar una vida? Yo lo hice.

Desde pequeño y a medida que crecía era consciente de que como yo era no gustaba a los demás.

Me oculté del mundo. Opté por pasar el máximo tiempo posible a solas.

Me convertí en un niño solitario, triste e incomprendido. El calificativo “raro” siempre me colgaba cual medalla llevara en mi pecho.

Y lo era, yo era raro porque la sociedad me calificaba así por no jugar con niños en el recreo, no gustarme los juegos de mayor fuerza física o simplemente por no presumir de tener una posible novia en la escuela. Yo era el diferente y no solía gustar.

El hecho de pasar tanto tiempo a solas me permitió interiorizar mucho. Me ayudó a desarrollar una fuerte intuición. Sabía que pensaban mis familiares de mí, podía adivinar sus reacciones.

Eso me tensaba más aún dado que vivía ocultándome y siempre temía que me descubrieran.

No era un temor injustificado. En casa la homosexualidad no tenía buena prensa. Se tachaba de algo propio de viciosos, sucio e inapropiado.

Luego todo ello me confirmaba que no tenía cabida en este mundo.

Sufría mucho en silencio. No veía futuro para mí. Siempre imaginaba que llegado un futuro, optaría por concluir mi vida.

Mi infancia no fue dulce, la viví muy angustiado. Tuve grandes carencias afectivas. En casa se priorizaba la parte laboral y todo lo demás pasaba a ser secundario.

Tuve que reinventarme a mí mismo.

Quizás hubiera necesitado más empatía y comprensión pero me consta que mis familiares lo hicieron lo mejor que pudieron.

Mi padre era muy machista y la relación con él fue algo más compleja.  De algún modo en mi interior, me sentía culpable por ser gay.

Nunca pude transitar el dolor en mi infancia. Si bien, encontré ocupaciones que me hicieron tener ciertas ilusiones que reforzaron mi autoestima.

Tuve ese descubrimiento dedicándome a estudiar. Fui más amigo de libros que de personas. De ese modo aproveché la fuerte energía que me poseía en mis crisis emocionales para potenciar mi formación académica.

Desarrollé habilidades de aprendizaje, memorización, comprensión que me motivaron a conseguir buenas calificaciones en la escuela.

Aunque siempre me sentí excluido, fuera de lugar e incomprendido, el hecho de esforzarme y lograr buenas calificaciones me hizo encontrar un motivo para seguir avanzando en mi vida.

A veces llegaba mi mente la fantasía de que algún tendría que ir a la MILI (antiguo servicio militar obligatorio en España). Este pensamiento me generaba un terrible pánico. Observar la posibilidad de verme lejos de mi madre durante meses, rodeado de chicos con los que me costaba relacionarme, me hacía tener episodios de ansiedad. Nuevamente este sentir lo reservaba para mí y me generaba un sufrimiento importante.

Siempre vivía atormentado. Tenía una mente débil, me sentía inseguro. Desde mi hogar familiar no se potenció la confianza sino el miedo.

No fue una infancia dulce la mía. Si bien hoy, transcurridos muchos años, agradezco que enfrentarme a situaciones difíciles me ha ayudado a ser más fuerte.

Fui una planta que sobrevivió junto a las piedras. Una planta que no se regaba y a la cual no se le permitía refugiarse ante situaciones extremas. Una planta que salió adelante gracias a su fuerza interior.

Vivir todas estas experiencias me ha permitido ser una persona más fuerte, más tenaz y disponer de un campo de observación más amplio y más reflexivo.

Si tú has vivido experiencias de acoso en tu infancia, muy probablemente en tu infancia no pudiste gestionar la situación.

No obstante, es importante que valores la situación vivida como una oportunidad. Has trascendido dolor, quizás soledad, rechazo y aun así, estás aquí en el momento presente.

Sabes que si esta situación se presenta en tu vida de nuevo, la vas a superar con éxito. Pero además ahora puedes desapegarte del dolor que si te produjo antaño.

Ahora eres consciente que si te rechazaban es por algún motivo que la otra persona tiene en su interior.

Al tu no sentirte ya ligado a ese rechazo, no te afecta tanto y aumenta la probabilidad de que estas situaciones no se repitan tanto en tu vida.

¡A lo que te resistes, persiste! Este dicho es una prueba de la no gestión de un aprendizaje.

Hoy deseo aportarte algunas sugerencias para invitarte a la reflexión:

  1. Cada situación que vives te invita a un aprendizaje.
  2. Si lo integras: evolucionas.
  3. Si te resistes: el aprendizaje se repetirá hasta que lo aceptes.
  4. Si lo niegas: el aprendizaje se mostrará cada vez más intensificado para ayudarte a despertar de tu letargo y evolucionar.

Cada persona tiene libre albedrío. Es decir, indistintamente de que sea más adecuado realizar la acción A, puede elegir realizar la acción B porque es su elección.

Dado que en la vida tenemos unos cometidos previstos para crecer interiormente, se propicia que se den los aprendizajes perfectos para invitarte a evolucionar.

Por ejemplo: deseas comprarte un coche nuevo porque llevas bastante tiempo en paro. Acabas de encontrar un nuevo empleo y necesitas el vehículo como medio de transporte al trabajo.

Te diriges a informarte a varios concesionarios de vehículos y te ponen ciertos impedimentos en la financiación del nuevo vehículo.

Tus familiares te comentan que sería más adecuado que compraras un vehículo de segunda mano porque tu contrato laboral es temporal. Te sugieren que optes por esa vía de menor gasto ante la probabilidad de que no te renueven tu contrato actual de trabajo.

Tú persistes en tu propósito de comprar el coche nuevo a pesar de las señales recibidas. Puedes elegir no escuchar las señales dado que tienes el libre albedrío.

Entonces accedes a financiar el vehículo nuevo y a los seis meses finaliza tu contrato y quedas de nuevo en paro laboral.

Has eludido transitar el aprendizaje y ahora de nuevo vuelves a repetir paro laboral con una situación económica más preocupante que la que tenías hace seis meses.

Por ello, es importante reflexionar sobre los aprendizajes que trascendemos y escucharlos atentamente.

  • Las cargas. Muchas veces soportas cargas que tienes tan inmersas en ti que te cuesta separarlas de tu persona.

Llevas una vida con mucho estrés (las tareas del hogar, el trabajo, la cocina, etc.). Asumes la responsabilidad de coordinar todas estas tareas de un modo robótico impidiéndote disfrutar del día, la tarde o el momento libre que tienes.

Te exiges más para tenerlo todo perfecto, controlado y en su sitio justo. Te olvidas de pedir ayuda a tu pareja, compañero o familiar y te cargas excesivamente sin razón justificada.

Sientes que como tú nadie lo va a hacer, con tanta perfección y tu nivel de exigencia llega a asfixiarte.

Reflexiona sobre tus exigencias:

Date permiso amorosamente para mimarte. Por ejemplo:

  • Date caprichos como comer tu comida favorita
  • Dedicar una hora a leer tu libro preferido
  • Ir al gimnasio o llamar a ese amigo que te comprende

La simple repetición de frases como las siguientes es sanador:

  • Me doy permiso para descansar un par de horas
  • Me permito disponer de esta tarde para disfrutar de mis amigos
  • O ahora elijo disfrutar en el parque con mis hijos

Estas frases te aportan un respiro. Te regalan una libertad que tú te estás negando.

¡Permítete ser feliz, tú tienes la llave de tu felicidad!

Muchas veces nos lamentamos de estar sumamente agobiados o echamos las culpas al otro de no tener ayuda en las diversas tareas de diario.

¿Pero realmente te apetece esa ayuda?

Si miras en tu interior, es posible que te estés boicoteando e impidiéndote tener ese espacio para ti.

Te castigas porque en tu moral existe la creencia de que “tienes” que tener todo en orden, limpio, perfecto, a punto para ser feliz.

¿Lo ves?

La trampa te la pones tú, tú te boicoteas y te impides ser feliz.

Deseo que estas reflexiones te ayuden a eliminar las barreras que te impiden ser feliz.

¡Hasta pronto! «Ámate, por favor».

Cómo eliminar los pensamientos tóxicos

Cómo eliminar los pensamientos tóxicos

  • Deberías disimular tus ademanes
  • Tienes que ir a esa celebración familiar para no quedar mal
  • Te vas a quedar solo
  • No te abras a las personas, reserva tu intimidad
  • Ten cuidado con la gente de la calle, que es muy mala

¡Basta ya!

Es tanta la información tóxica que hemos recibido, una información tan densa, tan pesada que nos genera un estrés innecesario.

Una sensación constante de machaqueo nos posee y un miedo atroz a mostrarnos como somos, a expresarnos libremente.

¡Basta ya de tanto callar!

Vacíate de pensamientos insanos.

Redime de tu vida tantas exigencias. Da fin a tanta necesidad de demostrar a los demás.

No tienes nada que demostrar a nadie.

Para ser feliz, tan solo necesitas estuchar tus necesidades

La necesidad es esa voz bajita, tenue, prudente que emite tu ser interior avisándote de qué es lo más adecuado para ti en este momento de tu vida.

¿Pero sabes cuál es el problema? Estás tan absorto con tus tareas y exigencias:

  • Tengo que ir a comprar el pan
  • Debo pasarme por la farmacia
  • Tengo que hacer la comida
  • Debería planchar la ropa y lavar el coche
  • No se puede olvidar hoy comprar el regalo de mamá

Te exiges, te exiges, te exiges… ¿Y dónde te quedas tú y tus necesidades?

En el más absoluto olvido.

Dedica unos minutos a diario para cerrar los ojos. Quizás podría ser un buen momento al amanecer o anochecer.

Te invito a que juntos hagamos una breve meditación:

Toma aire  por tu nariz y muy lentamente ve soltándolo de nuevo  por la nariz. Repítelo varias veces hasta que sientas cómo se van relajando tus hombros, éstos van cayendo suavemente.

Percibe como se calma tu abdomen y poco a poco se van expandiendo.

Visualiza un corazón en tu entrecejo. Obsérvalo detenidamente y déjate sentir la energía amorosa que desprende.

Descubre que en el corazón hay una puerta. Gira el pomo de la puerta y entra:

Observa que hay una bella pradera con muchas flores preciosas de diversos colores. El día está soleado y hay una agradable brisa que sutilmente acaricia tu piel.

Al fondo observas un árbol frondoso, toma asiento en su copa y contempla la riqueza del paisaje. Toma papel y un bolígrafo y escribe “me amo profundamente”.

Observa lo que has escrito. Repítelo varias veces.

Entierra el papel junto a la copa del árbol.

Levántate y acércate a las flores, huele su perfume y disfruta la sensación corporal que dicho aroma produce en tu interior.

Agradecido a esta nueva experiencia que has vivido, acércate a tu corazón, abre la puerta y entra de nuevo felizmente a tu cuerpo.

Toma aire en una inspiración un poco más larga y expulsa el aire despacito.

Poco a poco mueve un poco tu cabeza de lado a lado, mueves tus dedos, tus manos y ve abriendo a tu ritmo tus ojos.

Con este breve ejercicio de meditación, puedes conectar con tus necesidades, centrarte en “el aquí y el ahora”; despojando así tu mente del nocivo bucle de pensamientos tóxicos.

La práctica continuada de la meditación ayuda a prolongar un estado mental saludable.

Necesitas aprender a escuchar tus propias necesidades. Puedes escucharlas de diferentes formas:

  1. A través de la meditación, logras parar el parloteo mental y conectar con tus necesidades interiores que son realmente profundas como:

-tu necesidad de compartir más momentos con tu pareja

-hablar con esa persona con la que estás distanciado y explicarle tranquilamente tu postura

-o quizás tu necesidad de llorar, ser padre o tener un círculo de amistades más amplio

  • A través de tu cuerpo: tu cuerpo emite señales claras de lo que necesitas.

Cada parte de tu cuerpo te habla de lo que estás necesitando.

Por ejemplo: un dolor de garganta que se repite incesantemente puede estar aludiendo a un bloqueo en el 5º chakra de la garganta. Ello avisa de tu necesidad de expresar algo que estás callando.

Lo que callas te daña y tu cuerpo te avisa, para que lo expreses y te liberes.

Te recomiendo la lectura del libro de la maravillosa escritora Louise Hay: «Usted puede sanar su vida».

En este libro encontrarás el mensaje que cada parte de tu cuerpo te transmite. Su lectura te va a enriquecer y permitir iniciar un proceso de escucha de tus necesidades.

Es un libro que te va a aportar calma y te ayudará a conectar con tu paz interior.

En mi historia personal de bullying , he descubierto la importancia de conectar con tus necesidades y atenderlas.

Vivimos a un ritmo demasiado acelerado y tu cuerpo necesita ser escuchado.

Si no escuchas tu cuerpo, la mente gritará

Ese grito mental es equivalente a pensamientos obsesivos, negativos que por ende te proporcionan un interminable bucle de sufrimiento.

Atender tus necesidades no es egoísta. Solo es aprender a amarte y darte esos mimos y atenciones que deseas.

La práctica continuada de ejercicios de respiración nos ayuda a permanecer en el presente.

Los pensamientos tóxicos proceden del pasado y del futuro; por ello la importancia de permanecer en el aquí y el ahora.

La mente te castiga en el momento previo a enfrentarte a una situación que te atormenta.

Visualizas escenas de pánico con diferentes posibilidades negativas que puede sucederte en dicha situación.

Cada escena negativa produce una reacción en tu cuerpo, tu estómago se contrae ante la dificultad de digerir dicha situación.

Si es mucha la tensión que reúnes por enfrentar la situación, tus cervicales se tensarán y comenzaran a molestar.

Si los nervios se apoderan de ti, posiblemente tus intestinos se dinamicen y necesites evacuar urgentemente.

¿Te das cuenta? Lo que tu mente calla, tu cuerpo lo expresa.

Por favor, escucha tu cuerpo para que no se cristalice el bloqueo en algo preocupante.

De ahí la importancia y el poder que tienes para sanar tu cuerpo.

Cuando afrontas la situación atemorizante, compruebas que tus miedos te bloquearon excesivamente. Sin embargo, cuando has vivido finalmente la situación no ha sido tan dramática y dolorosa como tu mente gritaba. Descubre tu verdadero poder y sana tu vida pero sobre todo, “Ámate, por favor”.

Cómo educar a tus hijos en la libertad

Cómo educar a tus hijos en la libertad

¿Rosa o azul?.
Lo reconozco, me gustaba el color rosa.

En mi infancia se presentaban muchas situaciones donde no tuve la opción de elegir. Se me adjudicaba el juguete, la prenda, el lápiz u otro producto en color azul.

La inocencia de un niño no tiene dobleces y expresaba a mis padres o hermanos cuando íbamos a comprar un juguete, mi preferencia por el de color rosa.

La respuesta obviamente siempre era la misma: ¡El color rosa es para niñas!

Me entristecía no poder conseguir el juguete en el color que me gustaba.

No había opción de elegir color. La sociedad ya había decidido por mí y mi color forzosamente debía ser el color azul.

Estas imposiciones tan restrictivas de la sociedad me marcaron, me impidieron ser yo mismo.

Notaba que no agradaba en mi entorno que eligiera el color rosa. La expresión de sus rostros y la frase final de coletilla: <eso es para niñas; si no los niños te van a llamar “mariquita”>, me hicieron ver que tenía que descartar elegir el color rosa.

Fueron muchas las elecciones que se me arrancaron en mi niñez. Entendí que no podía ser libre y ello me angustiaba.

Me reprimí para satisfacer a los demás, para evitar enfados, regañinas o posibles castigos.

Elegí estar metido en una celda, privándome de mi vida y de lo que me gustaba, para evitar que los carceleros me atacaran.

Viví mi infancia con limitaciones como éstas. Ello me ocasionó un gran sufrimiento.

En mi interior sentía que no agradaba como era. ¿Cómo se puede sostener este sufrimiento en la mente de un niño de tan solo 6 años de edad?

Olvidándome de mí, me aislé porque era consciente de que como yo era, no gustaba y además esto se potenció tanto que llegué a sentir que ser homosexual era algo denigrante y sucio.

Esto es, me olvidé de ser feliz para satisfacer a los demás, a una familia con una mentalidad quizás algo anticuada.

¿Nadie se percataba de que me sucedía algo? ¿Nadie pudo tenderme una mano?

Nadie, estaba completamente solo. Mis deseos de no continuar con mi vida se repetían incesantemente en mi mente.

Me visualizaba en diferentes escenas acabando con mi vida. No veía ninguna opción para ser feliz siendo homosexual.

Por aquel entonces yo desconocía que había un mundo fuera, que existían parejas de hombres. Ignoraba que pudiese haber una ínfima posibilidad de ser feliz para mí.

Yo nací en una familia tradicional donde el qué dirán importaba más que la persona.

Pasarían aún muchos años para que mi situación cambiase y pudiera ver algo de luz al final del túnel.

Afortunadamente la sociedad ha evolucionado a día de hoy mucho gracias a la visibilización de personajes públicos que se han mostrado como espejo a nuestra sociedad de personas absolutamente normales.

La lucha de tantas personas que se han expuesto en manifestaciones o simplemente arriesgándose a vivir con personas de sus mismo a pesar de los insultos o amenazas que pudiesen recibir por ello ha hecho que se abra un camino más seguro y estable para lo que hemos llegado posteriormente.

¿No os parece impactante que se pueda agredir verbal o físicamente solo por amar? En cualquier caso es muy triste que haya personas que no hayan podido profundizar en el sentimiento de amor entre personas del mismo sexo y simplemente se hayan limitado a criminalizar estas relaciones solo por los prejuicios existentes.

Lógicamente esto es extensible para cualquier persona que sea diferente, todo ser humano se merece ser feliz.

Todas las luchas realizadas por las personas que  han hecho visible su diferencia, ha permitido que tu día a día hoy sea más dulce que el que muchas personas vivimos en el pasado.

Cada lágrima derramada, cada insulto recibido o cada desprecio han contribuido a aumentar la consciencia de esta sociedad y a apreciar el verdadero valor de las personas: su interior.

El miedo te paraliza y te bloquea.

Los medios de comunicación, las altas figuras han jugado mucho en el pasado con atormentar a la sociedad con miedos.

Un miedo que ha impedido a las personas ser libres, como a mí me lo impidió en mi infancia.

He descubierto al cabo de los años y tras mi experiencia personal:

  1. Que el miedo solo hay que atenderlo para escuchar su mensaje de protección.
  2. Que cualquier miedo que te impida ser feliz, es adecuado que lo invites a abandonar tu vida.
  3. Que el mayor miedo que puedes tener es a “no evolucionar”.

Vivimos en la impermanencia, por ello si te resistes al cambio, te estás acercando a un precipicio.

Estás haciendo oídos sordos a lo que acontece a tu alrededor.

“Ábrete a escuchar sin resistencias”

Hoy te quiero aportar algunos tips que te pueden ayudar en la educación de tus hijos:

1)Te sugiero como padre que en la educación de tus hijos les permitas ser personas libres. Facilítales la capacidad de tomar decisiones siempre que sea posible. Tu deseo de que tus hijos sean seres libres está conectado a una vibración elevada de amor.

Por amor, le das paso a permitir errar, vivir nuevas experiencias y afrontar sus propios aprendizajes. Lógicamente ello con la supervisión paternal pero soltando las amarras de tus propios miedos.

2) Ábrete a descubrir en tu hijo nuevas experiencias para ti.

Quizás la vida te invite en tu aventura paternal a tener un hijo diferente a la mayoría. Por ejemplo: con unos gustos culinarios muy exquisitos o simplemente que le gusten los deportes de riesgo.

¿Por qué te resistirías a permitir a tu hijo ser diferente?

Permítete la experiencia que la vida te está ofreciendo, aparta tus miedos o limitaciones e indaga qué sucede.

Nada es casual ¡Un regalo viene en camino!

Las luchas desgastan y te impiden ser feliz.

Date permiso para vivenciar con tu hijo o contigo mismo una experiencia a la cual tengas reticencias. Entrégate a ella,  observa qué sucede y reflexiona.

Permite  por favor que la magia de la vida haga su trabajo.

Confía en ti, tus cualidades y… “Ámate, por favor”

Cómo prevenir el bullying en la escuela

Cómo prevenir el bullying en la escuela

Erase una vez una hermosa niña de 6 años llamada Laila. Laila nació en un hogar feliz, fue una niña deseada. Le gusta comer, era glotona.

Disfrutaba corriendo detrás de las mariposas en el jardín de cada pero su pasión era disfrazarse de princesa.

Laila era hija única y para sus padres realmente era su princesita, le facilitaban todos los juguetes que podían, la llevaban al circo, al campo, a la playa.

Laila a veces se sentía sola pero estaba ilusionada por comenzar educación primaria en la escuela y conocer más amigos para compartir juegos.

Finalizando el verano y a poco tiempo de incorporarse a la escuela, sus padres la motivaban con su incorporación estudiantil, por aprender nuevos conocimientos y disponer de nuevos amiguitos que Laila reclamaba constantemente.

Llegó el día esperado y Laila acudió algo nerviosa pero ilusionada a la escuela. Había cerca de 25 compañeros en su clase. Algunos le sonreían, otros la miraban tímidamente. La profesora se mostraba un poco autoritaria y deseando mantener un orden y silencio sepulcral en clase.

Cada día llegaba el momento del recreo y Laila tomaba su desayuno a solas, le costaba relacionarse con los compañeros, era algo tímida.

Se decía así misma, tarde o temprano algún compañero me hablará pero pasaban los días y la misma imagen se repetía en el recreo. Laila volvía a permanecer sola en su período de descanso.

Una mañana Laila se incorporó a la escuela y formando cola para acceder a clase, escuchó risas detrás de ella y comentario desagradable retumbó repentinamente en su cabeza “ ahí está la vaca lechera”.

Laila inmediatamente sintió como se encogió su estómago, su corazón comenzó a latir aceleradamente. Se sintió aludida, miró alrededor y se percató de que esa descalificativo iba para ella.

Triste y cabizbaja Laila se incorporó a clase, tenía ganas de llorar. Laila sintió que era gorda y molestaba a las demás personas tener su disposición corporal.

Sus ánimos para conocer a más amigos se vinieron abajo y fugazmente logró intercambiar breves comentarios con algunos compañeros.

Esta experiencia la marcaría para siempre y le hizo ser algo antisociable porque comenzó a sentirse una persona poco valiosa.

Historias como la de Laila suceden y seguirán sucediendo cada día en cada recóndito lugar de nuestra sociedad.

Por ello, como padre se torna importantísimo transmitir ciertos valores a nuestros hijos para potenciarlos ante estas situaciones de indefensión del menor:

  1. Desde la educación parental se necesita reforzar la empatía al prójimo.

La mente de un niño se agarra a cualquier aportación que perciba de su círculo más próximo; si bien, es el hogar familiar el culmen donde necesitas potenciar el amor hacia los demás.

Este respeto no solo es sano para el otro sino para ti mismo. A medida que eliminas luchas de tu vida, la armonía crece en tu interior.

  • Reforzar a tu hijo con valores de empatía, comprensión. Ello le ayudará a tener una mente más sana y libre de prejuicios.

Hoy en día existen muchos libros infantiles basados en la cercanía a personas diferentes a la mayoría como personas con deficiencias mentales, distinta etnia, tendencia sexual; entre otros.

Te sugiero promover la lectura de estos cuentos infantiles para fomentar en tu hogar valores constructivos. A mayor conocimiento de otras realidades, los viejos fantasmas de los prejuicios se van disipando rápidamente.

En mi experiencia personal he descubierto que cuanto más te conoce una persona, más te valora por tus capacidades, logros y aptitudes.

Ello potencia tu valor personal  en detrimento de características de menor valor que puede hacer que te etiqueten injustamente.

La mente se flagela inmediatamente ante una situación injusta y te repite incesantemente que no eres valioso.

Para ello, te propongo dos tips:

  • Ante situaciones que te hagan sentir poco valioso, imagínate que de  tus pies crecen fuertes raíces que se anclan al centro de la tierra.
  • Imagínate que eres una columna rígida cuando te sientes inseguro y que nada ni nadie puede moverte. De este modo, mandas un mensaje a tu psique de tu fortaleza, de tu verdadero poder; el cual nadie podrá derribar.

Confía en ti, refuerza tu autoestima dejando resbalar los descalificativos que te hacen sentir tristes, como gotas de agua que se deslizan por un impermeable cuando llueve. Tú eres mucho más que eso, ¡TU ERES UN SER VALIOSO!

“Ámate, por favor”

Cómo liberarte de las creencias erróneas

Cómo liberarte de las creencias erróneas

Construyes tu verdad en base a unas creencias, patrones posiblemente heredados de tus padres, abuelos u otros ancestros.

Llegas a la vida y te impregnas de “su verdad” para dirigirte al mundo.

Más tarde descubres a veces que esa verdad inculcada no se ajusta exactamente en algunos casos e incluso difiere de tu sentir.

¿Eres libre? ¿Lo has pensado alguna vez?

Muchas de tus verdades pueden estar apoyadas en creencias de tus ancestros. Creencias que de algún modo ellos adoptaron porque les permitió moverse en su vida de la forma que creyeron más adecuada.

¿Qué fue de ellos? ¿Cómo fue su historia?

Las creencias restringen, coartan y limitan tu vida. Desvincúlate de aquéllas creencias que no te aportan, que no te suman libertad.

Haz una toma de consciencia y discierne entre lo que te aporta y lo que no.

¿Sabes que por creencias erróneas se ha generado mucho sufrimiento en el pasado y actualmente en la sociedad?

Por ejemplo:

-Persona poco habladora puede confundirse con engreída

-Antiguamente existía la creencia errónea de que la mujer era inferior al hombre y por ello no podía ejercer su derecho al voto

-En el pasado e incluso hasta hace pocas décadas, ser homosexual se equiparaba a una depravación antinatura en nuestra sociedad

Yo nací en el seno de una familia tradicional con unas creencias quizás algo anticuadas. Una familia que se atemorizaba ante lo diferente y buscaba no llamar la atención.

En mi familia existía la creencia de que ser homosexual era algo sucio y denigrante. Viví una infancia ocultándome, pasando desapercibido, escondiéndome de los demás niños para evitar que me lastimasen.

Yo lo hice y fui muy infeliz. Me sentía incomprendido, solo, bicho raro.

A veces sentía que no merecía vivir porque lo que yo sentía era algo sucio, como me inculcaron en casa. Me costó años digerir estás situaciones y casi mi vida.

Me refugié en mis estudios porque descubrí que mis altas calificaciones hacia que mis padres me valorarán positivamente. Ello me agradaba.

Nadie me tendió una mano, nadie me ayudó.

Cada despertar diario era similar a visitar el mismísimo infierno. Sabía a lo que me exponía: insultos, descalificaciones, soledad y más incomprensión.

¿Qué había hecho yo para merecer tanto daño? A menudo me hacía esta pregunta pero siempre regresaba a la misma respuesta: yo era homosexual y eso era de viciosos, era algo oscuro y no merecía vivir.

En base a esa creencia errónea construí mi vida y fruto de ello, deambulé  por los más áridos caminos durante los años venideros.

Yo fui objeto de burlas, fui carne de presa fácil. Exteriormente no comentaba nada; es decir, no lo compartía con nadie. Pero interiormente… Interiormente mi corazón estaba sumamente hundido, estaba roto de dolor.

Un dolor inmenso y profundo, un dolor que no se cura con una pastilla. Mi dolor me rasgaba el alma.

Soledad, aislamiento: era un bucle sin fin.

Estaba solo porque no resultaba atractivo ser amigo mío y optaba por aislarme para evitar que me dañasen. Nadie me echaba de menos.

Me tocó lidiar en una batalla donde mis emociones no podían ocultarse. Es más necesitaban liberarse.

Éste es solo un pequeño fragmento de mi historia personal.

¿Te sientes identificado con mi historia?

Transcurridos muchos años puedo hacer una mirada a mi pasado y extraer algunos consejos que de haberlos sabido, tal vez me hubiesen ayudado a ser más feliz o al menos, a que mi vida fuera algo más dulce. Confío que hoy puedan ayudarte a ti:

  1. Sugiero que ante una situación de acoso por cualquier motivo, sintonices con la persona o personas que puedan conectar mejor contigo y te abras a ella.

Yo no lo pude hacer por las creencias erróneas que tenía grabadas a fuego en mi alma.

Si lo hubiera hecho, quizás podría haber encontrado algo de comprensión y empatía; valores éstos que no logré descubrir en el otro.

  • Aprovecha la gran energía que se mueve en tiempos de crisis y empléala en hacer actividades constructivas como:
    • Realizar  un curso de algo que te interese
    • Leer
    • Buscar hobbies que te atraigan

Esto es, sumérgete en algo que te aporte sin desligarte del aprendizaje que te aporta transitar una crisis.

Se suele aprender por dolor. Bien es cierto el dicho de que “nadie escarmienta por cabeza ajena”.

Te propongo que seas positivo.

Tienes una magnífica oportunidad para crecer y construir tu mejor versión.

Puedes salir claramente reforzado de una experiencia de crisis.

Deseo que estos tips lleguen a ti y puedas desligarte de lo que no te aporta, de lo que te impide ser tú mismo y por ende, de ser feliz. Qué mi historia abra luz a tu camino y que mis lágrimas sean la alfombra tupida que permita tu caminar firme, erguido y lleno de paz.

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